Ahora que hace semanas que nos encontramos confinados; ahora que hace días que no tenemos contacto con muchos de nuestros amigos y parientes, nos damos cuenta de lo que poco a poco hemos perdido: el roce, el intercambio, la calidez de otros semejantes, aunque sea con vecin@s. Nos hemos acostumbrado al chat, al mail y a la imagen virtual, sustitutos de la conversación, del abrazo, de un «te quiero».

Seguramente ahora que nos hemos vuelto más mecánicos y que soportamos esta situación de aislamiento y encierro, nos replanteamos algunos aspectos de nuestra existencia. Con toda probabilidad, muchos de nosotros estamos pensando en hacer cambios en nuestras vidas en cuanto acabe esta pandemia. Intentemos que no se queden en pensamientos; que no se queden como esas ideas de fin de año en la que nos prometemos adelgazar, dejar de fumar o ser mejor persona, ideas  que con frecuencia no pasan de intenciones.

Estamos atravesando unos tiempos difíciles que, espero, no se vuelvan a repetir. Nos sentimos solos en muchos casos, en otros lamentablemente el confinamiento les ha dejado solos en sentido literal. No estamos como para desperdiciar una de las
dones que poseemos los humanos: los sentimientos.

Ahora las noticias nos acostumbran a cualquier situación por dramática que esta sea. Su modus operandi es la repetición. Nos hemos acostumbrado al número incesante de infectados y muertos por el coronavirus .Cuando tuvo comienzo esta situación fue un drama extraordinario, pero transcurridas unas semanas, ya no nos inquieta, o al menos, no nos asombra.

Pero la vida sigue y, ahora mismo, miles de médicos, enfermeros, auxiliares, transportistas, policías, etc. trabajan para que el resto podamos vivir con una cierta tranquilidad. Muchas de esas personas participan en nuestras competiciones y, seguramente, ahora están trabajando hasta la extenuación para todos nosotros. No puedo más que solidarizarme con todos ellos. No puedo menos que agradecer la suerte que tengo de beneficiarme de su esfuerzo impagable.

Desde estas líneas, mi admiración, cariño y respeto hacia todas las personas que participan en las actividades que nos garantizan nuestra comodidad y seguridad.

Toni Ortega,
Gerente CSS.CAT

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